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¿Quiénes somos?

Durante gran parte de mi vida me he dedicado al sonido profesional, y en parte su docencia, siempre enfrentando el bonito reto de comunicar y mantener viva la atención. Las clases, como el sonido, necesitan ritmo, ejemplos y buenas historias para funcionar.

Una de ellas empezó un día de verano en moto, cuando dejé de poder silbar a partir de cierta velocidad. ¿El resultado? 56 km/h. Desde entonces vivo rodeado de preguntas incómodas y experimentos discutibles. Desde entonces, cada duda es una excusa para investigar. 

Quédate, curiosea, colabora y comparte con la comunidad 

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