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Estar teniente

  • Foto del escritor: Juanma de Casas
    Juanma de Casas
  • hace 5 días
  • 2 Min. de lectura
campana y reloj sobre el agua

Hay expresiones que parecen tener una avería interna. Uno las escucha, las usa, las hereda de padres, abuelos o compañeros de barra… pero cuando uno se detiene a mirarlas de cerca, aparece la pregunta inevitable: ¿y esto de dónde demonios sale? “Estar teniente” es una de ellas.

En español coloquial, estar teniente significa estar algo sordo, duro de oído, tardar en enterarse de lo que le dicen a uno. No necesariamente una sordera profunda, sino ese punto en el que alguien pregunta “¿eh?” tres veces, sube la televisión a niveles de prueba industrial o responde a una frase que nadie ha pronunciado. Vamos, una pequeña derrota cotidiana del sistema auditivo.

La tentación inmediata es pensar en el ejército. Teniente, bombas, explosiones, artillería, oído castigado… Todo parece encajar. Pero el origen más aceptadoes la del teniente como figura militar intermedia que recibe órdenes, las quejas o peticiones y que, según la caricatura popular, a veces no oye demasiado bien lo que no le conviene. No sería tanto un “me he quedado sordo por una bomba”, sino un “me hago un poco el sordo porque ahora mismo esto no me interesa”. Una especie de compresor selectivo, pero aplicado a la responsabilidad.

La expresión es antigua. Ya en tiempos de Cervantes aparece la idea de estar “teniente de los oídos”, lo que confirma que no estamos ante una ocurrencia moderna ni una broma nacida en tiempos de amplificadores, discotecas o auriculares de cancelación de ruido. Es un fósil lingüístico con bastante solera.

Lo curioso es que otros idiomas han construido imágenes parecidas, aunque con otros personajes. En inglés se dice to be hard of hearing, muy próximo a nuestro “duro de oído”, y también to turn a deaf ear, literalmente “girar un oído sordo”, cuando alguien decide ignorar una petición. En francés existe faire la sourde oreille, “hacer la oreja sorda”. Y en italiano aparece una joya expresiva: fare orecchie da mercante, algo así como “hacer orejas de mercader”, es decir, fingir que uno no oye aquello que no le conviene escuchar.

Cada lengua elige su teatro. Unas ponen el foco en el oído. Otras en la oreja. El italiano mete a un comerciante. El español, con bastante gracia, coloca a un teniente. Pero todas coinciden en algo muy humano: oír no es solo una cuestión de tímpano, martillo, yunque y estribo. A veces también depende de la voluntad.

Por eso“estar teniente”es una expresión pequeña, pero muy sonora. Habla de sordera, sí, pero también de atención, conveniencia y picardía. Y recuerda que, en cuestiones auditivas, no siempre el problema está en la presión sonora sino en el interés del oyente.


Juan Tarteso apoya este artículo

 
 
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