Desmitificando el uso de los cartones de huevo
- Juanma de Casas

- 10 ene
- 2 Min. de lectura

La escena la conoces: garaje reconvertido en un estudio, paredes forradas de cartones de huevos y alguien diciendo muy convencido: “esto aísla que da gusto”. Pues no. Siento el spoiler: los cartones de huevo como aislante acústico son, básicamente, atrezzo barato.
El lío empieza por la confusión entre aislar y acondicionar. Aislar es que el vecino no oiga tu bombo a las tres de la mañana. Acondicionar es que dentro de la sala no tengas una bola de reverb que se coma la mezcla. Para lo primero, la física es bastante antipática: necesitas masa, hermeticidad y desacoplo. Es la ley de la masa de toda la vida: cuanto más pesado, continuo y desacoplado está un cerramiento, más energía sonora frena. Un cartón de huevos es lo contrario a todo eso: ligero, fino, lleno de agujeros y pegado a una pared que ya vibra feliz con cada golpe de caja.
¿Resultado? Los graves pasan como Pedro por su casa, las voces también, y el aislamiento extra es prácticamente despreciable. Puedes empapelar el local entero y el vecino seguirá sabiendo cuándo empiezas el ensayo… y cuándo acabas (si es que llegas a acabar).
Entonces, ¿por qué tanta fe en el cartón? Porque algo sí hace, pero no lo que la gente cree. Su superficie rugosa y porosa puede cambiar un poco las reflexiones de agudos dentro de la sala. A veces baja un pelín el RT60 en la parte alta del espectro y deja de sonar a cuarto vacío. Eso el oído lo interpreta como que suena mejor, y el cerebro lo traduce a que aísla más.
El mito se ha alimentado de fotos románticas de estudios caseros, soluciones low cost y esa cultura del “mi primo lo hizo así y le va de lujo”. Lo que no se cuenta es que muchos de esos estudios siguen teniendo puertas huecas, ventanas sin sellar y tabiques de papel. Y luego está el capítulo de los inconvenientes: el cartón es inflamable, acumula polvo, amarillea, huele, y da una imagen más cercana a un gallinero creativo que a un control serio. Si además hablamos de normativa, prevención de riesgos y seguros, mejor no entrar.
Si de verdad quieres mejorar una sala, para acondicionar apuesta por paneles porosos de cierta profundidad (lana mineral, fibra de vidrio, espumas específicas), trampas de graves bien dimensionadas y una distribución razonable. Y para aislar, céntrate en donde de verdad se gana: más masa (doble placa), cámaras con absorbente, estructuras desacopladas, puertas macizas y sellado de juntas.
En resumen: los cartones de huevo están muy bien… para proteger huevos. Para proteger tus oídos, tu mezcla y tu relación con los vecinos, vas a necesitar algo más que reciclaje creativo.
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