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El ave lira. El gran imitador. Puro sampler

  • Foto del escritor: Juanma de Casas
    Juanma de Casas
  • 23 ene
  • 2 Min. de lectura
persona durmiendo con radio y cascos al lado

En el mundo animal, copiar sonidos no es una rareza. De hecho, la imitación acústica es una habilidad relativamente extendida, sobretodo en las aves, aunque con objetivos muy distintos a los nuestros. Algunas la usan para comunicarse, otras para defender territorio, otras para ligar.

 

Si pensamos en imitadores famosos, casi todos caemos en lo mismo: loros y cacatúas. Su capacidad para reproducir palabras, frases humanas e incluso entonaciones completas les ha dado fama mundial. No solo copian el timbre: ajustan ritmo, acento y dinámica. En algunos casos, incluso parecen entender cuándo decir cada cosa, lo que ya roza lo inquietante. Pero —y aquí viene el giro interesante— no son los mejores imitadores sonoros de la naturaleza.

 

Ese título, con diferencia, pertenece al Ave lira soberbia, un ave que habita en los bosques húmedos del sureste de Australia. Y cuando decimos “imitar”, en su caso hablamos de otra liga. El ave lira soberbia no se limita a copiar llamadas de otras aves,  reproduce paisajes sonoros completos. Puede encadenar en una sola secuencia cantos ajenos, alarmas, obturadores de cámaras, motosierras, motores, clics mecánicos y sonidos ambientales, todo con una precisión sorprendente. No solo clona el timbre: respeta la estructura temporal, la dinámica y el carácter del sonido original. Es, literalmente, un sampler biológico de campo.

 

Lo más fascinante es que su canto no es un caos aleatorio. Construye frases largas, organizadas, casi narrativas. Desde una perspectiva de ingeniería de sonido, no está “disparando samples”: está componiendo con ellos. Y además, conserva en su repertorio sonidos que ya no existen en su entorno, funcionando como una especie de archivo vivo del paisaje acústico.

 

¿Por qué hace todo esto? Principalmente por selección sexual. El macho canta durante horas para impresionar a la hembra, demostrando memoria auditiva, control vocal y resistencia. Cuanto más complejo y rico es su repertorio, mayor es su atractivo.

 

Hay otros imitadores notables —estorninos, cenzontles, minas— y todos merecen respeto. Pero si hablamos de virtuosismo absoluto, de control, variedad y coherencia sonora, no hay duda: el ave lira soberbia es el gran imitador del planeta. ¿Qué animal sería un gran diseñador sonoro? Pues ya tienes la respuesta.


Juan Tarteso apoya este artículo

 
 

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