Los sonidos en los sueños
- Juanma de Casas

- 22 ene
- 2 Min. de lectura

Dormimos, pero el mundo no se pone en mute. Mientras intentas recuperar horas de sueño perdidas entre bolo y bolo, tu sistema auditivo sigue ahí, como un técnico de guardia en el control: con los monitores bajitos, pero muy pendiente de cualquier pico raro.
El oído nunca se apaga del todo; lo que cambia por la noche es el “procesamiento”. El cerebro baja el master y activa algo muy parecido a un noise gate cognitivo: deja pasar el ruido de fondo estable —tráfico lejano, ventilador, nevera— y sólo se abre cuando detecta algo inesperado o relevante. A veces para despertarte… y a veces para colarlo dentro del sueño.
Ahí es donde la cosa se pone interesante. Muchos estudios de sueño han visto que determinados estímulos sonoros suaves pueden integrarse en el contenido onírico. Una sirena en la calle se convierte en alarma de fábrica en tu sueño. El perro del vecino ladrando pasa a ser parte de una escena de parque. Incluso una voz real puede transformarse en un personaje que te habla dentro de ese guion absurdo que es un sueño REM.
La fase REM, con su mezcla de actividad cerebral alta y cuerpo bloqueado, es especialmente sensible a estos “insertos de audio”. El sonido no entra como una pista limpia, sino reinterpretado: el cerebro hace diseño sonoro en tiempo real para que encaje con la narrativa que ya está construyendo.
La intensidad también manda. Si el estímulo es demasiado fuerte o brusco, ya no hay integración creativa: hay despertar, taquicardia y, con suerte, un “¿qué ha sido eso?”. Y la relevancia emocional pesa mucho: un bebé llorando, tu nombre, una puerta que se abre en casa… tienen prioridad absoluta en la cola de procesamiento.
Por eso dormir con la tele, podcast o playlist de fondo es, sin saberlo, hacer soundtracking de tus sueños: le estás dando al cerebro un banco de efectos y diálogos del que tirar. No controla la historia, pero sí le ofrece materia prima. En resumen: puede que tú te duermas, pero tu oído sigue en sesión nocturna, gobernando –en parte– la banda sonora de lo que sueñas.
Juan Tarteso apoya este artículo



